Saturday, December 23, 2006

El otro rostro de Miguel Servet
escrito por Carlos Fleitas

La hora de mi muerte ha llegado. Aquí en Champel, cerca de Ginebra, lejos de Villanueva de Sijena en donde nací, arderé en la hoguera de los herejes, hecha esta vez con madera aún verde para prolongar mi tormento y agonía. Inútiles han sido mis argumentos en el proceso, nula la piedad de los jueces, indiferente el rostro de Juan Calvino a la hora de mi condena. He sido acusado de blasfemo y de hereje contra la Cristiandad, de Unitarista, sin excluir la sospecha adicional de Islamista, que no es sorpresa alguna ni me causa inquietud. Pues lo que verdaderamente me atribula, es que el destino tenga algo de extraño y monótono, pues sólo lo conocemos cuando menos lo anhelamos. De allí que, en estos breves instantes en los que antes de mi muerte La Luz continúa iluminando mi mente, pueda repasar mis días terrenos, la verdad y la causa de mi fin.

     En mi juventud me dí al estudio del Derecho, la Medicina y la Teología, tres disciplinas que parecerían divergentes en sus métodos y objetivos. Pero esta conclusión no sería mas que una falacia producida por un intelecto disminuido. La Norma, La Observación y la Reflexión son la ratio común a las tres. ¿Qué mejor modo de aguzar y disciplinar al espíritu impetuoso que extraer de la observación, la precisa via que lo guie a través de los afanes y confusiones del mundo? Pero ahora que mi vida llega a su fin, debo decir que su estudio obedeció a otra causa, a un motivo más profundo. El de explicar a los hombres, en los términos de su limitado conocimiento, La Luz que un día me fue revelada por Las Sagradas Escrituras.

     Siempre lei con rigor y sorpresa Los Libros Sacros. Pero al intentar develar los más profundos misterios de la Fe -como el de la Santísima Trinidad- las interpretaciones de la Filosofía Escolástica me resultaron incomprensibles y por sobretodo inexactas. Por ejemplo, es extendida la creencia de la naturaleza tripersonal de Dios. Pero mis conclusiones -para mi desdicha- refutan tal equívoco. Toda creencia lleva en sí el sello del error y cuanto más absurda, paradójica y artificiosa es, parece ejercer mayor fascinación al corazón humano, que la acoge con ferviente pasión. De allí que decidí poner por escrito en De Trinitatis Erroribus los resultados de mi aplicado estudio de las Escrituras, lo que fue el comienzo de un final que nunca he querido, pero que tampoco quize nunca eludir.

II

     Para la mejor exposición de mis conclusiones comenzaré con el hombre, es decir, con Jesús el Cristo, pues cualquier argumentación sobre la Trinidad tiene que comenzar con Él. Según mi entender, Las Escrituras son cristalinas, transparentes e inequívocas en lo que a Él se refiere, pues nos muestran que es hombre e Hijo de Dios y comparte con Aquel en forma plena la Divinidad, la sustancia de Dios. Jesús el Cristo es pues un hombre, es el Hijo de Dios…es Dios. De allí que las Tres Personas de la Santísima Trinidad no sean tales, sino sólo disposiciones de Dios, reflejos de un mismo Ser. Y la imagen de Aquel es Jesús de Nazareth.

     He de llamar la atención al hecho de que estas conclusiones, están basadas enteramente en Las Sagradas Escrituras y no en un mero discurrir mental ajeno y extraño a las mismas. Yo mismo he sido sorprendido en mis creencias y convicciones al encontrarlas. Pero La Luz al rasgar las tinieblas es invencible; no puede desconocerse. Pero ay!, los seres humanos son reacios a aquello que contradice lo que aceptan sin estudio ni reflexión, pues estas ideas fueron inmediatamente repudiadas tanto por católicos y protestantes. Temiendo por mi seguridad tuve que continuar escribiendo bajo un seudónimo, que para mi desdicha no pudo finalmente confundir a Juan Calvino.

     Pero la esperanza de ser comprendido en La Revelación que llegó hasta mi alma, me indujo a continuar adelante. Comenzé a enviar correspondencia a Juan Calvino a la ciudad de Ginebra pues supuse que quizás, por su rebeldía a la doctrina católica, podía estar mejor preparado para recibirla y acogerla en su corazón. Entre las numerosas cartas, le adelanté los nuevos descubrimientos que mi intelecto, iluminado por el Eterno, iba generando día a día. Mi conocimiento de la Medicina y la investigación del cuerpo humano, se convertirían en el cauce a través del cual habría de darlos a conocer a los hombres.

      Pues como he expuesto anteriormente, el estudio de una disciplina no es ajeno a las otras, ya que todo lo que ocurre en el Mundo creado por Dios, se encuentra interconectado y no aislado e inconexo entre sí. De lo que resulta que todo descubrimiento renueva El Descubrimiento, y que todo discurso sobre lo particular es una exposición que remite a la totalidad, a la explicación de La Creación, que incluye al Hombre, a la Naturaleza y a Dios. Pues el Mundo en toda su diversidad es un modo de autoexpresión de Él y es Eterno como Él. Por ende la Medicina es más que un Tratado sobre la materia corporal, la Medicina es Teología, es la búsqueda de la Verdad de Aquel revelada en el cuerpo humano.

III

     Es sabido que desde la Antiguedad, la circulación de la sangre en el cuerpo ha sido un tema que los más doctos han tratado de describir y explicar. Galeno afirma que la sangre venosa se encuentra poblada de espíritus naturales y es la que nutre los tejidos y elimina los desechos corporales. La sangre impura atraviesa el corazón a través de poros que comunican los ventrículos, mezclándose con el aire pulmonar para formar los espíritus vitales y luego ser conducida por las arterias al resto del cuerpo. Pero he descubierto que tales poros de comunicación no existen y que tales espíritus son cosa totalmente distinta. El fenómeno es muy otro y diverso del que el griego supo describir. La sangre del ventrículo derecho es bombeada por la arteria pulmonar a éstos, se aclara al entrar en contacto con el aire inspirado y de allí viaja al otro ventrículo por la vena pulmonar, siendo finalmente distribuida por las arterias. De este modo se mezclan la sangre y el aire.

     Pero como ya he dicho, el cuerpo humano, su conformación y discurrir son la manifestación de Dios y sus Designios. Nuevamente las Sagradas Escrituras iluminan esta Revelación. Pues el alma del hombre como principio vital es el resultado del aire inspirado y su mezcla con la sangre: anima ipsa est sanguins. De allí que en cada inspiración, en cada ritmo de nuestros días, en cada aliento y susurro, el pneuma, el Espíritu, es continuamente recibido por nosotros, en forma única e idéntica para todos, sin que que sea ya posible considerar al Espiritu y al Alma, como entidades individuales alojadas en cada uno de nosotros. El Espíritu como manifestación de Lo Uno, de Dios, es Universal e Indivisible.

IV

     Llega el tiempo en el que todo hombre estudioso de La Verdad y La Revelación debe decidir, a medida que progresa, si callar o hacer público su Saber. He optado por un camino intermedio. Hacer llegar a Juan Calvino, el resultado de mis investigaciones minuciosas que brevemente he expuesto. Mis anteriores obras -que han sido prohibidas- me han colocado en la posición de ser declarado hereje sin posibilidad de redención. No es que tema esa condena, no, pues sé que es absolutamente falsa. Temo algo peor: que mi voz sea acallada, que mi testimonio de La Revelación quede desconocido para los hombres. De allí que intente como último recurso atraer el interés del alma de Calvino. Confío en que, al leer los documentos que le voy a enviar, también pueda experimentar el estado de lumen gratia que a mí me ha sido dado por obra de Dios. En la luz de un hombre, quedará sellado el destino de mis días terrenos. La fé, que siempre ha sido mi báculo, sostendrá mi pluma una vez más.

     He enviado el manuscrito a Calvino, seguido de numerosas cartas. Pero sin darme a conocer el motivo ha interrumpido la correspondencia, que he firmado haciendo uso de mi seudónimo. No tengo otra posibilidad que publicar mis conclusiones ocultando mi identidad. Así lo he hecho. La obra, una nueva versión del manuscrito enviado al teólogo y reformador, se ha de llamar Christianismi Restitutio. Mil copias, impresas en secreto y bajo mi seudónimo, pronto circularán en Francia. Mi afán es que sean no sólo un testimonio docto, comprensible sólo a los teólogos, sino que pronto se convierta en la Voz de La Iglesia. No sólo de una Iglesia ungida por la Revelación y La Verdad de las Sagradas Escrituras, sino una Iglesia pura y sencilla en sus ritos y en su predicación, alejada de toda pompa y boato mundano.

     Pero a pesar de haber resguardado mi identidad, he sido descubierto por el Santo Oficio de la Inquisición en Vienne, donde desde hace años soy médico personal del Arzobispo. He sido encarcelado y condenado a muerte por herejía. Mi obra y mi efigie han sido quemadas, como ya sucedió con otras en el pasado. Pero he logrado escapar y viajando a través de Italia me dirijo a Ginebra. Allí espero demostrar mi inocencia y demostrar a los doctos, La Verdad de La Revelación que me ha sido otorgada. Pero al llegar a la ciudad, descubro que ha sido la certera mente de Juan Calvino quien me ha reconocido como autor del Christianismi Restitutio y el que ha enviado el manuscrito y mi correspondencia a la autoridad eclesiástica.

     Llegado a este punto, sería apresurado describir la denuncia de Juan Calvino como traición. Cierto es que la palabra es aborrecida y sinónimo, en un primer examen, de una oculta malignidad en el corazón. Pero prefiero otra interpretación, dado que nunca fuí dado al juicio y a la condena del alma de un hombre, como en este caso, la de mi ejecutor. Pues la traición no es más que la confesión de un fracaso, de la claudicación de un intelecto atormentado que se debate entre La Verdad y La Tiniebla. Es la pérdida de la Luz del Espíritu en el alma, que queda condenada a un eterno debate entre la fé y la negación de la misma. Sí, Juan Calvino es un alma torturada, una potencia que se ha negado a si misma para cosechar sólo los frutos de su amargura y dolor. El verdugo que me ha condenado, hace ya tiempo que padece de la máxima pena: una inquietante y perpetua soledad….Y su fria furia no se ha hecho esperar. A instancias de él se me arresta, acusa e inicia juicio por herejía.

V

     El juicio ha sido monóntono, abundante y parcial. He hablado sin ser escuchado, he argumentado sin ser comprendido, he apelado sin ser amparado. Aun así, las innobles condiciones de la prisión donde palidecen mis días, no han podido doblegar mi fe. Ni la oscuridad, el escaso alimento, el frío y la ausencia de higiene, han menguado la llama de la luz interior. Ni siquiera la intervención del Procurador General, preguntándome porque he leído el Corán, lo que agrega la sospecha de Islamista a la de hereje, ha logrado torcer mi camino. El fin está cerca. El Consejo de los 25 ha dado su veredicto. He sido condenado a la hoguera.

     Ya las llamas enlentecidas por la inmadurez de la madera, comienzan a lacerar mi cuerpo. Ya mis ojos comienzan a velarse y a perder el esplendor de su mirada. Ya mi olfato y mi lengua se saturan con el olor intenso del azufre. Mis dias terrenos han llegado a su fin. Nuevamente he sufrido el martirio, el escarnio y la agonía interminable. Porque desde aquel día, hace ya mil quinientos veinte años en que, por primera vez, fui crucificado junto a dos ladrones, el tormento se ha repetido. He sido envenenado, lapidado, acuchillado, ahorcado, apaleado, innumerables veces. Los hombres aún no están preparados para oir La Palabra, ni Reconocerme a Mi: Elohim. El Unico. Pues Yo Soy el que Es…

La exposición en esta narración de las ideas de Miguel de Servet, ha sido tomada de sus obras. Las mismas han sido adaptadas y ligeramente modificadas para los propósitos de la misma, pero en esencia son las mismas. Para una exposición más detallada, así como los datos históricos de su vida, su obra y comentarios críticos de las mismas recomiendo los siguientes Sitios Web.

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CITAS DE MIGUEL SERVETO

¿Quién puede llamar ortodoxo a un ministro de la Iglesia (Calvino) que es acusador, criminal y homicida? (Serveto).

Es un principio general que todas las cosas han salido de la raíz divina, son parte y porción de Dios, y la naturaleza de las cosas es el espíritu de Dios. (Serveto).

La fe, si se considera en su propiedad esencial y pura, no contiene tal perfección como el amor…El amor es superior a todo…durable, sublime, más parecido a Dios…(Serveto)

Propio de la condición humana es la enfermedad de creer a los demás impostores e impíos, no a nosotros mismos, porque nadie reconoce sus propios errores…(Serveto).

Es un abuso condenar a muerte a aquellos que se equivocaron en sus interpretaciones de la Biblia. (Serveto).

Los galos fueron llamados así por su color lácteo y cándido, pues significa leche. (Serveto).

Yo no separo a Cristo y a Dios más que una voz del hablante o un rayo del Sol. (Serveto).

Dios nos dio la mente para que le reconozcamos a Él mismo. (Serveto).

Cada cual es como Dios lo ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace - Miguel Servet

No debe imponerse como verdades conceptos sobre los que existen dudas - Miguel Servet

Si me hallas en error en un sólo punto, no debes por eso condenarme en todos - Miguel Servet

Ni con estos, ni con aquellos estoy conforme ni disiento en todo. Todos tienen parte de verdad y parte de error, y cada cual descubre el error en otro sin ver el suyo - Miguel Servet

Hay un brillo del Sol y otro de la Luna; uno del fuego y otro del agua. Todos fueron dotados de luz por Cristo, arquitecto del mundo - Miguel Servet

La fe enciende la lámpara que solo el aceite del amor hace arder - Miguel Servet

El hombre es libre, y recibe de los astros, solo inclinaciones y tendencias. La preordenación, predestinación, elección, son inventos de Simón Mago - Miguel Servet

Lo divino ha bajado hasta lo humano, para que el humano pueda ascender hasta lo divino - Miguel Servet

¡Oh, Cristo, Hijo de Dios eterno, salva mi anima! ¡El hacha! ¡El hacha!; la hoguera no! - (Servet, frente a la pira)

Por entre las brumas de la memoria, cada vez más tambaleante, me llega a ratos la luz de mi pueblo, Villanueva. Percibo la luminosidad especial de un cielo plano y límpido en los veranos y el olor a mieses, que llenaron mis sentidos para siempre, y que atesoro en el origen de mis recuerdos, desde que jugaba con otros niños por las calles y campos del sitio donde abrí por primera vez los ojos - Miguel Servet (Historia de un fugitivo, Lainez)

España es aventajada por Francia en la abundancia de vino, cereal y carnes, pero la supera en la bondad y el sabor de ellos - Miguel Servet

Leed la Biblia una y mil veces; si no le tenéis gusto es que habéis perdido la llave del conocimiento - Miguel Servet

Cristo camina en las olas del viento y habita en el vértice de la Tierra, mide los cielos con su palmo y le caben en sus manos las aguas del mar - Miguel Servet

Colón fue el descubridor de un continente y de muchas islas que los españoles gobiernan ahora felizmente. Por eso están tan radicalmente equivocados los que llaman América a este continente - Miguel Servet

La fe es la puerta; la caridad la perfección. Ni la fe sin caridad, ni la caridad sin fe - Miguel Servet

No estamos obligados a juzgar según la Ley, aunque la ley nos muestra bien el pecado. (Serveto)

Serveto responde que no llama Triteitas a los que creen en la Trinidad, pues él mismo cree, sino a los que la presentan como no es…(En su proceso).

La luz da el ser a la cosa, la luz es la forma de la cosa…la luz es lo más hermoso de este mundo y del otro. (Serveto).

En el cuerpo de Cristo se concilia, concurre, recapitula y resuelve todo: Dios y el hombre, el cielo y la tierra, la circuncisión y el prepucio. (Serveto)

Si yo amo una persona , de modo entrañable, estoy pendiente de ella; a ella me entrego en todo y para todo y ella me conduce a donde quiera. (Serveto)

Amortigua la circuncisión el apetito de la carne, como queda amortiguado el oido si se le cortan a uno las orejas o la vista si se le cortan los parpados. (Serveto)

En este mundo no hay verdad alguna, sino simulacros vanos y sombras que pasan. La verdad es Dios eterno…(Serveto)

A quien se le planta y siembra con la predicación, se le riega y vivifica con el bautismo y se le alimenta con la cena del Señor. (Serveto)

No podra ser un buen geógrafo el que no esté seriamente versado en Matemáticas. (Serveto)

CITAS SOBRE SERVETO

Una de las llaves para la comprensión de la Restitutio se sitúa en la identificación de Servet con el Arcángel Miguel.(Elaine Sartorelli).

Servet clamaba que la naturaleza humana no puede ser depravada, condenada, totalmente corrupta e indefensa. (Marian Hillar).

El Dios de Servet y el hombre Servet y el hombre en Servet son: dinamismo, libertad, caridad, tolerancia, creatividad individual. (Angel Alcalá).

Sijena es el Belén del servetismo. (Pastor de la First Unitarian Church de Nueva York)

Sus opiniones heterodoxas y su libertad de espíritu, que Servet defendió siempre con la pluma y el diálogo, le convirtieron en un proscrito en toda Europa. (Jaume de Marcos Andreu).

Hay tres terribles monstruos religiosos nacidos en España en el s.XVI: el vasco Ignacio de Loyola, el aragonés Miguel Servet y el conquense Juan de Valdés, adictos a sus vanas, vacías y típicamente españolas contemplaciones. (Théodore de Bèze).

El radicalismo místico de Valdés, el radicalismo intelectual, anti-institucional y anti-dogmáticoen Servet y el radicalismo autoritario y dogmático en Loyola; representan tres dimensiones del nativo radicalismo español. (Domingo Ricart).

Es una rareza de entonces y hoy consignar bajo el título del libro la Patria del autor: “Per Michaelem Servetum alias Revés, ab Aragonia hispanum”. Soberbio reto a sus lectores extranjeros, bravo desafío y excelente lección a quienes se avergüenzan de proclamar su pertenencia a la patria común, Hispania, por encima de las patrias (chicas). (Angel Alcalá).

Miguel Serveto, niño prodigio, genio y sabio como iba a ser, debió contar sus días de gestación, por lo que tuvo que ser concebido, matemáticamente, el día de los Santos Inocentes de las Navidades más tristes del Monasterio, cuyas soores acababan de ser excomulgadas. (Miguel Pascual Ariste).

Servet fue el primer pensador cristiano de los tiempos modernos que abogó por el derecho de cada individuo a seguir su propia conciencia y expresar sus propias convicciones. (Marian Hillar)

Hay un español llamado Miguel Servet que practica la medicina haciéndose llamar Villeneuve. Este pobre orgulloso, hinchado de arrogancia lusitana, pero reventado aún más por su propia fiereza,ha pensado que podría adquirir fama resolviendo todos los principios de la cristiandad. (Calvino).

Asombra y apena que Marañón se permitiera en su “conferencia tudelana” la ligereza que al incauto se le puede antojar profunda sabiduría: “Me parece muy probable que en la arrebatada exaltación teológica de Servet(…)hay menos de ibérico puro que de producto de encrucijada étnica, con mucha influencia oriental, semítica.” (Angel Alcalá)

Servet (al que ya he quemado) no dejó de llenar de insulsos comentarios los márgenes de mis libros; ni una página dejó limpia de sus vómitos. Lo que no me conmueve más que el rebuzno de un asno. (Calvino).

Calvino quiere matar a todos los herejes y tiene por tales a quienes disienten de él. (Castellio).

En el Christianismi Restitutio, restitución es un programa para restablecer, recuperar, rescatar, recobrar el Cristianismo. (Elaine Sartorelli).

Su cultura, inteligencia y personalidad, hicieron surgir en la mente de Serveto lo que podriamos llamar una reforma sui generis discrepante tanto de católicos como de protestantes. (Miguel Lavilla).

Servet defendió su causa con su sangre, sabía que defenderla con la palabra era inútil (ante Calvino). Es perféctamente vano hablar cuando la violencia detenta el poder. El ruido de las armas ensordece las leyes y la sabiduría. (Sebastían Castellio).

Usar fuerza en defensa de la Iglesia es distinto a usarla para obligar a creer. (Calvino).

Serveto tiene un temperamento radicalmente aragonés; prototipo con el propio Calasanz de la dureza berroqueña ante la adversidad; arquetipo con Gracián, Goya y Cajal, de la rebeldía ante lo establecido cuando esta es necesaria; de talento torrencial…(Fernando Solsona).

Defender doctrina no es competencia del juez, sino del maestro. (Castellio).

Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre - (De Sebastián Castellio a Calvino).

El suplicio de Servet, ya lo dijo Voltaire, es mil veces más censurable que todas las hogueras de la Inquisición española, porque estas no abrasaron a un sólo sabio - Menendez Pelayo

Algún día tendríamos que consagrar España al arcangel San Miguel, … Miguel Servet, Miguel de Cervantes, Miguel de Molinos, Miguel Unamuno. Parecerá arbitrario definir a España como la tierra de los cuatro migueles. Sin embargo, mucho más arbitrario es definir a España descartando a tres de ellos por heterodoxos y sin conocer a ninguno de los cuatro. Cuatro migueles que asumen y resumen las esencias de España - Antonio Machado

Servet, el sabio víctima de la Universidad, el santo víctima de las Iglesias - Pey Ordeix

Servet creía que Fisiología, Psicología, Teología, están intimamente unidas, siendo el hombre el punto de su conjunción. (Roland H. Baiton)

Medicina y Teología son en Servet disciplinas coherentes. (Diego Gracia)

¡Que no se libre ese (Servet) impío de la muerte que para él deseamos! (Calvino)

Pueden condenarle, suplicarle, quemarle, Servet no cambiará; sus últimos días elevan a este caballero andante de la ciencia al rango de héroe y mártir de la Fe. (Julio Arribas)

Servet es nuestro máximo hereje y mártir español. (Angel Alcalá)

En cuestiones de religión soy tolerante…¡ amaría a Calvino si no hubiera hecho quemar a Servet! (Voltaire)

Dios ha escogido a los necios del mundo para confundir a los sabios. (Calvino)

Las religiones se creen o no se creen, pero no necesitan defensa alguna. (Angel Alcalá)

Servet creía que la doctrina calvinista del pecado original, de la total depradación del hombre y de su predestinación lo reducían a tronco y estatua. (Julio Arribas)

¡Cuanta nostalgia sentiría Servet por su patria, en la que no podía entrar sin caer en las garras de la Inquisición! (Curieses del Agua)

Servet es el verdadero fundador de la Etnografía y de la Geografía comparada. (Eliseo Reclus, geógrafo)

Tuve por ayudantes a Vesalio…y después a Miguel Villanovano, varón eminente en todas letras y a ninguno inferior en la doctrina de Galeno. (Sinforiano Champier)

Servet es mártir de sus ideas cristianas, más cristiano, aunque menos ortodoxo que los cristianos establecidos y reformados. (Angel Alcalá)

La timidez es difícil de reconocer, porque se disfraza de la pasión contraria, de audacia aparatosa y exhibicionista; y así sucedió en el caso de este gran español Servet. (Gregorio Marañón)

“A Miguel Servet, primera víctima del fascismo”.( Escrito en una cinta colocada en su monumento de Annemasse por la Resistencia francesa en 1942)

Servet era casto, porque su prototipo “humano-divino” era Cristo y como Santa Teresa, llevaba su arrobamiento hasta límites de enamoramiento. (Goyanes)

La detención de Servet en Ginebra, donde no había publicado ni dogmatizado y donde en consecuencia, no podía ser entregado a la justicia, debe considerarse como una barbarie y un insulto al derecho de las naciones. (Voltaire)

Servet estrudió a fondo la Trinidad porque , a su juicio, esta doctrina constituía el principal obstáculo para la conversión de los judíos y moros. (Roland H. Baiton)

Estoy mucho más profundamente escandalizado por el solo suplicio de Servet que por los cientos de personas inmoladas en los autos de fe de España y Portugal. (Edwar Gibbon)

Carisime frater in Deo et in Servet…(Voltaire)

Servet es más que un episodio en la vida de Calvino. Tan grande como Lutero, viene a ser el representante de la nueva era, “der Repräsentant der Neuzeit” en el periodo de la Reforma. (Ernist Stahlin)

Miguel Servet, ilustre español, aragones terco e inflexible, aunque su terquedad no fue más que una fidelidad a sus principios, que traducía su rectitud de conciencia y honradez.(Julio Pascual Arribas)

Los jueces de Ginebra violaron todos los derechos de las naciones. Servet no pedía tolerancia hacia su doctrina; lo único que pedía era pasar deprisa. Caníbales con manteos negros se apoderaron de él, de su dinero, y le quemaron a fuego lento para agradar a Calvino.(Voltaire)

Servet tenía madera de santo, porque alcanzó el martirio con mucho más peso específico que otros que aparecen en el Santoral. (Vega Díaz)

Mi creencia me permite presumir que Servet, condenado como hereje, no fue condenado por Dios, puesto que la recta Teología me enseña que no son los errores de la inteligencia, ni los actos externos los que nos responsabilizan ante el Tribunal divino. (Arner)

La característica de España no es que en ella la Inquisición quemase a los heterodoxos, sino que no hubiera ningún heterodoxo importante que quemar. Cuando ha habido alguno se iba fuera, como Servet y era fuera donde lo quemaban. (Ortega y Gaset)

Para los católicos Servet sólo era un hereje más, para los reformadores era algo más peligroso: un revolucionario. (Otte)

Servet hubiera producido y descubierto muchas cosas más si hubiese estudiado muchas cosas menos. (Mezquita)

Los logros de Servet son los más altos de la Europa de su tiempo y originaron todas las tendencias modernas en ciencias políticas, sociales y morales, y en los conceptos de absoluta libertad de investigación intelectual y de libertad de conciencia. (Marian Hillar)

Servet es sobre todo un aragonés, arriesgadamente ingenuo, valiente y no precavido, buscador de la verdad desde una que no viven tan coherentemente los sabios reformadores. (López Medel)

Servet fue el caballero andante de la Teología. (Menéndez Pelayo)

Si Lutero es el volcán y Melanchton el cauce de su lava, Calvino representa la organización y la norma, mientras que Servet, guerrillero celtibérico que arrostra la transfusión del ímpetu anárquico a esas comunidades europeas y lo esgrime con autenticidad cristiana, tarea en la que cae, huele a frescor de rebeldía y libertad originales. (V. Verdross)

Servet jamás creyó en el principio de justificación por la fe de Lutero ni en la predestinación marcada por Calvino.(Juan Manuel Palacios Sánchez)

El dilema servetiano oscilará entre Erasmo y Lutero, poniendo más o menos énfasis en la Biblia y la Ley. (Jesús López Medel)

Servet fue el Copernico de la Fisiología, como Copernico era el Servet de la Astronomía. (Castelar)

En Servet vemos la confluencia de lo mejor de cada cosa que llegó a madurez en el s.XVI. (Harnack)

Servet evidencia un estilo típico, en el que se imbrican el talento, la erudición, la soberbia, la vanidad, el menosprecio y la inflexibilidad. (Dr. Barón)

Me llamo Miguel. Este nombre han llevado españoles que no puedo olvidar; Miguel se llamó Servet.(Miguel de Unamuno)

Servet descubrió la circulación de la ilustración divina que sustenta el alma. (Füllop-Miller)

No respeto más que la verdad, he condenado abiertamente el asesinato de Servet, todos los furores de la guerra y los arrebatos de la paz, detesto la persecución y el fanatismo ahí donde se encuentre.(Voltaire)

Servet, creyendo firmemente que es poseedor de la verdad y considerando que nadie puede arrebatarle la libertad de pensar, quiere dar un paso más y llegar a la libertad de expresión en el propio feudo de Calvino.(José Antonio Valtueña)

Servet era un loco muy honesto y Calvino el fanático, tunante hecho para ser un gran inquisidor, un alma atroz y sanguinaria, un monstruo de orgullo y crueldad. (Voltaire)

Se dice que varios jesuitas se han hecho socinianos; ¡Dios les conceda gracia! Sería gracioso que construyeran una iglesia a San Servet. (Voltaire)

Servet se cuenta entre los diez o doce principales de la historia de la Humanidad entera.(Elisée Réclus)

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Relato histórico sobre Miguel Servet en OcioJoven

Por yosu RC
11 Noviembre 2006, OcioJoven.com

En un lado de la tétrica sala se alza elevado e imponente el asiento de los jueces. La silla del presidente está situada en el centro, cubierta por un dosel de tela de color oscuro y coronada con una gran cruz de madera que parece estar dominando toda la sala. Al frente está el banquillo del acusado. La aterradora acusación: herejía. Probablemente tenga que morir.

Si tuviese abogado, éste sería quemado con él si fuese declarado culpable, o perdería su honor y todos sus bienes por osar defender a un acusado de hereje si lograse demostrar su inocencia.

El tribunal siniestro de la Inquisición Católica lo va a juzgar y, dejando a un lado el derecho romano, un derecho que todavía está vigente en nuestra legislación, la simple sospecha presupone su culpabilidad. Ya que nadie está dispuesto a defenderlo, es a él, el acusado, a quien corresponde demostrar su inocencia.

El 27 de octubre de 1553, Miguel Servet moría en la hoguera en la ciudad suiza de Ginebra. Guillaume Farel –verdugo y brazo derecho de Juan Calvino- advertía a los asistentes a la ejecución:

-Este hombre es un sabio, y pensó, sin duda, enseñar la verdad; pero cayó en poder del demonio. Tened cuidado para que no os suceda a vosotros lo mismo.

*****

28 de junio de 1519. “¡Viva el Emperador!” “¡Viva el Imperio Germánico!” La gente se agolpaba en las calles para ver la coronación del nuevo emperador del Sacro Imperio Romano, Carlos V. Todos lo alababan y elogiaban, pero la atención de Servet no se centraba en el emperador sino en aquél que le entregaba la gloria.

Su debilitada fe católica se vino abajo por completo al contemplar con asombro el acto, presidido por el papa Clemente VII. El pontífice, sentado en su silla gestatoria, recibió al monarca español, quien le besó los pies mientras esperaba su corona.

Todavía pasmado por los acontecimientos, Servet contempló después cómo lo adoraba todo el pueblo de rodillas a lo largo de las calles, en tanto que el Emperador era dejado a un lado. Para sus adentros, no lograba conciliar la sencillez evangélica con tanto ceremonial y opulencia.

Comenzó entonces su búsqueda en solitario de la verdad, convencido, según él mismo solía decir, de que el mensaje de Cristo no estaba dirigido a teólogos y filósofos, sino a la gente del pueblo, gente que lo entendería y lo pondría por obra; gente a la que le estaba vedada la lectura de sus enseñanzas. Así, y tras un exhaustivo y clandestino estudio de la Políglota complutense, editó a sus veinte años el libro titulado “De errores acerca de la Trinidad”, convirtiéndose en el blanco principal de la Inquisición debido a sus duras críticas contra el corrompido cristianismo de su época y contra Constantino y sus sucesores. Ni la Iglesia Católica ni las protestantes le perdonaron nunca sus ataques.

-¡Te perseguirán hasta la muerte, Miguel! –le advirtió un antiguo amigo de su Villanueva de Sigena natal- ¿Por qué lo has hecho?

-¡Me reafirmo en lo que he hecho, Gonzalo! ¡Debemos conocer a Dios no por nuestras orgullosas concepciones filosóficas, sino a través de Cristo!

-Pero no puedes culpar tanto a católicos como a protestantes de estar en tan grave error.

-Ni con éstos ni con aquéllos estoy de acuerdo en todos los puntos, Gonzalo, ni tampoco en desacuerdo. Me parece que todos tienen parte de verdad y parte de error y que cada uno ve el error del otro, más nadie el suyo. Yo sólo me dedico a la búsqueda de la verdad, solo, pero confiado en la protección segurísima de Cristo.

-Pero, ¿por qué te arriesgas tanto?

-Constantino y sus sucesores han estado promoviendo falsas enseñanzas, adoptadas hasta hoy como verdades, ¿no te das cuenta? El cristianismo se ha corrompido, debemos desenmascarar el mayor engaño de la historia de la Humanidad.

-Entonces debes huir y continuar tu labor lejos de aquí, donde nadie te reconozca como Miguel Servet.

-En esto tienes razón, amigo. Iré a Paris, allí estaré a salvo. Pero, te escribiré para mantenerte al tanto de mis movimientos. Destruye todas las cartas en cuanto las hayas leído. Las firmará Miguel Villanovano, ya no Miguel Servet. Adiós, Gonzalo.

*****

Tres años hace de mi partida, tres años hace que salí de tu casa en dirección a París. Como sabrás estuve encarcelado en la prisión de Vienne, por lo que no pude escribir más cartas desde hace ya varios meses. Tenías razón, me perseguirán hasta la muerte, mas eso es lo que me hace reafirmarme en mi búsqueda de la verdad. Están ocultando algo, Gonzalo, algo muy importante, tanto católicos como protestantes, y no pararé hasta revelar todos los secretos de Clemente VII y todos los misterios de Juan Calvino.
“Mas digo “estuve en prisión”, pues me encuentro de nuevo en libertad. Mediante un ingenioso artificio logré escapar en camisón y gorro de dormir, viéndome obligado a esconderme cual si fuese un vulgar ladrón por los campos y aldeas de Francia.

“Presta atención, Gonzalo, a mis palabras. La Trinidad papista, el bautismo de infantes y los otros sacramentos defendidos por el papado son doctrinas de demonios. Estoy muy cerca de demostrarlo y no pararé hasta lograrlo… Tengo que dejarte. Me dirijo al norte de Italia, donde me encontraré con un pequeño grupo de seguidores.

-Tarde llega esta carta a nuestras manos, compañeros –dijo Gonzalo a sus amigos tras leerla-. Nuestro buen amigo, Miguel Servert se encuentra de nuevo en prisión. Según nuestro mensajero, a su paso por Ginebra fue reconocido a pesar de su disfraz por el mismísimo Juan Calvino. Oremos por su alma, sin perder la esperanza, mientras esperamos nuevas noticias acerca de su paradero.

Mientras tanto, Miguel Servet se hallaba en prisión siendo cruelmente maltratado por la ira de Calvino. Si grande era el odio que existía entre protestantes y católicos en aquellos primeros años de la Reforma, mayor fue el odio que les unió en su lucha contra él.

Servet aceptó modificar sus opiniones con la única condición de que el mismo Calvino lo convenciese de su error con argumentos bíblicos.

Calvino no pudo sino entregárselo a la implacable Inquisición Católica, que no dudó en condenarlo a la hoguera.

27 de octubre de 1553. Murió mientras oraba a favor de sus enemigos y rehusaba retractarse.

Lelio Socino, uno de los italianos que ya había sido influido por los escritos de Servet, presenció la brutal ejecución de su amigo español. Impresionado por el trato que Servet había recibido, decidió aclarar misterios donde éste lo había dejado.

Con la muerte de Servet, nació para Socino la lucha por la tolerancia.

La búsqueda del verdadero conocimiento aún no ha terminado.

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Miguel Servet, teólogo hereje que descubrió la circulación de la sangre

By Juan Antonio Cebrián, Publicado en ElMundo Dominical

Sus diatribas sobre la Santísima Trinidad y sus descubrimientos sobre el torrente sanguíneo chocaron con la ortodoxia religiosa del siglo XVI. Peregrinó por Europa y provocó debates entre católicos y protestantes hasta que Calvino le condenó a la hoguera.

Este singular personaje del siglo XVI fue, sin pretenderlo, un destacado representante del erasmismo científico. Sus trabajos, ideas y conclusiones recibieron la más furibunda crítica desde todos los ámbitos religiosos del cristianismo. Un mérito poco extendido en aquella Europa dividida por diferentes formas de entender el mensaje cristiano. Aún así, el injusto juicio al que fue sometido y su innegable aportación al avance médico, gracias a su descubrimiento sobre la circulación sanguínea pulmonar, le hacen merecedor de un lugar de privilegio en la galería de personajes ilustres de la Humanidad.

Nació en 1511 en Villanueva de Sigena, un pequeño pueblo de Huesca, donde su padre ejercía el noble oficio de notario. Su formación fue bastante completa pues, cuando abandonó con 13 años su lugar de origen rumbo a Lérida y Barcelona, ya hablaba con suma corrección latín, griego y hebreo. Con 15 años consiguió ser discípulo protegido de fray José de Quintana, quien se convertiría en confesor personal del emperador Carlos V. Precisamente Miguel, en compañía de su maestro, asistió a la coronación imperial celebrada en Bolonia en 1529. A decir verdad, sus años adolescentes le marcaron con profundidad a la hora de emprender sus constantes retos teológicos y científicos. Su formación académica quedó resuelta en su estancia por tierras francesas donde se impregnó de los aires intelectuales reformistas de aquellos lares. Estas tendencias conjugaron a la perfección con su talante obstinado e independiente, dando rienda suelta a su pensamiento libre y rebelde.

Con 19 años fue acusado de hereje por formular algunas hipótesis sobre la supuesta falsedad trinitaria de Dios. En 1531 publicó su primera obra cuyo título no invitaba al engaño: De Trinitatis Erroribus, planteamiento que quedó reforzado un año más tarde con la publicación de Dialogorum de trinitate libri duo, y De iustitia regni Christi capitula quattuor. Estos textos le procuraron encendidos ataques de protestantes y católicos. La Santa Inquisición condenó sus trabajos y ya nunca pudo regresar a su patria por temor a ser juzgado y quemado en la hoguera.

Servet, fiel a su espíritu y a sus postulados analíticos sobre la religión, inició desde entonces un peregrinaje por algunos territorios europeos. De Alemania pasó a Francia, donde conoció al reformista Calvino con quien, por supuesto, terminó discutiendo acaloradamente. Una vez más, el incómodo aragonés tuvo que huir. En esta ocasión salió de París con destino a Lyon, ciudad en la que trabó relación profesional con unos impresores, los cuales le encargaron tres ediciones de la Biblia y dos sobre las obras de Ptolomeo. Fueron unos años de relativa paz en los que hizo amistad con el médico Champier, quien inculcó a Servet su amor por la medicina. Gracias a ello decidió ingresar en la Universidad de París dispuesto a ser galeno, oficio que practicó desde entonces con cierta notoriedad por algunos pueblos y ciudades de Francia, afincándose, finalmente, en la localidad de Vienne. Allí permaneció como médico personal del obispo local hasta 1553, año en el que sus publicaciones, discrepancias y rebeldías le condujeron a la cárcel por hereje. Hasta ese momento, Miguel Servet ya había publicado abundante material, no sólo sobre teología, sino también sobre la disciplina médica. Y, en ese sentido, debemos hablar de su principal obra, titulada “Christianismi Restitutio”, esbozada durante años y publicada en enero de 1553. En el texto se explicaba en un apartado, a modo de sencilla digresión, nada menos que la circulación sanguínea pulmonar, hecho observado minuciosamente por él como galeno y desconocido para el resto de los mortales. Lo curioso de esta historia radica en que el científico aragonés no incluyó el hallazgo en ninguna obra dedicada a la fisiología y sí, en cambio, lo hizo con un texto teológico. Servet pensaba que el alma humana estaba confortablemente instalada en la sangre, y de ahí su interés por averiguar cómo transitaba el líquido vital por el cuerpo humano. El escándalo fue mayúsculo y, aunque logró escapar de su encierro inicial en Vienne, al fin fue capturado mientras asistía camuflado a un sermón de Calvino en Ginebra (Suiza). El implacable dictador religioso no quiso escuchar las peticiones de clemencia del aragonés y, sin dilación, preparó un juicio sumarísimo en el que se le negó abogado defensor.

La sentencia se dictó casi de inmediato siendo conducido al día siguiente a Champel, lugar donde se celebró su ejecución mediante la pena de ser quemado en la hoguera utilizándose leña verde para que la agonía fuera más lenta. Tenía 42 años y había conseguido polemizar con todos los sectores recalcitrantes del cristianismo.

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Tradición y modernidad

Ciertamente, fue Miguel Servet un hombre del Renacimiento. Dentro del periodo histórico así denominado transcurrieron los años de su breve existencia: iniciada en 1511 y brutalmente truncada en 1553. Y él mismo daría explícito testimonio de su entusiasmo por aquel renacer que se estaba produciendo en un siglo feliz en el que las ciencias y las artes y, concretamente, la medicina, se veían restituidos a su primitivo esplendor, salvada la oscuridad de los tiempos medievales (1)

(1) Renascitur vero felici nostro seculo, ut seipsum turpius deformatum, in pristinum candorem restituens illustret… (Syruporum universa ratio. Praefariuncula, fol. 3r).

(2) La más notable de las atribuciones servetianas en esta línea, es la edición por él preparada, corregida y anotada de la versión latina, hecha en 1503 por B. PIRCKHEIMER de la Geografia del alejandrino Tolomeo. La primera edición publicada en 1534 sería seguida por otra en 1541 (Un buen estudio sobre el tema es el de Eloy BULLON, Miguel Servet y la Geografía del Renacimiento, C.S.I.C., Madrid, 1945). También fue importante la elaboración que él hizo a lo largo de cinco años de la Biblia latina de Santes Pagnini, publicada en siete volúmenes, también en Lyon, en 1546.

Seguramente, su inclinación hacia la medicina se habría producido a través de la amistad con el médico humanista lionés Symphorien Champier (1472-1539), del que se declara intelectualmente deudor y al que defiende frente a las críticas del gran médico y botánico alemán Leonhard Fuchs. (3)

(3) Lo hace Servet en un folleto en 8º, cuyo texto sólo cubre ocho hojas por ambas caras, pero en el que trata de diversos temas, uno de los cuales es aquel que enfrenta las posiciones de Champier y las de Fuchs sobre el uso de la escamonea como purgante. Su título es: In Leonardum Fuchsium apologia pro Symphoriano Campegio, Lyon, 1536.

(4) En esta polémica se inscribe la publicación por parte de Servet de un opúsculo titulado: Apologetica disceptatio pro astrologia, que no lleva indicación de lugar y fecha, pero que es de París, entre los meses de febrero y marzo de 1532.

Syruporum universa ratio

El único libro íntegramente consagrado a la medicina dentro de la producción escrita de Miguel Servet es el titulado Syruporum universa ratio que podemos traducir como “Doctrina general de los jarabes”; publicado en París, en 1537, bajo el seudónimo que su autor usaba por aquellos años. (5)

(5) Syruporum universa ratio, ad Galeni censuram diligenter expolita: cui, post integram de concoctione disceptationem, praescripta est uera purgandi methodus, cum expositione aphorismi: “Concocta medicari”. Michaele Villanovano authore. Parisiis. Ex officina Simonis Colinaei. MDXXXVII. (Un volumen en 8º, de 70 folios, más uno de erratas; en el folio 2, por ambas caras, va el prólogo: Ad lectores; y en el folio 3, una Praefatiuncula). He trabajado sobre una fotocopia del ejemplar de Venecia, 1545, que se halla en la Biblioteca Nacional de Madrid (R. 68908). Son 63 hojas impresas en recto y verso.

Ha sido éste un libro poco estudiado por los servetistas que suelen referirse a él como de pasada. El único estudio monográfico que parecía existir al respecto era el del profesor José María Castro y Calvo: “Contribución al estudio de Miguel Servet y de su obra Syruporum”. Pero habiendo sido publicado hace mucho tiempo en tres artículos aparecidos en una revista de escasa difusión y pronto desaparecida, no lograba yo hacerme con su texto hasta que el Dr. González Echeverría me dio noticia de la existencia de una reedición conjunta de los tres artículos y me proporcionó la fotocopia del ejemplar existente en la Biblioteca Pública de Tudela (6)

(6) Los tres artículos aparecieron en Universidad. Revista de cultura y vida universitaria, Zaragoza, VIII (1931), 797-830 y 977-1030; IX (1932), 2-71. El volumen que los aúna es también de Zaragoza, de 1932. El juicio de Castro acerca de este texto servetiano se halla en su página 89.

A la vista de su contenido, advierto en primer lugar que sólo 27 de las 159 páginas de este volumen están consagradas al “libro de los jarabes”. El grueso de la obra es una apreciable reelaboración de la biografía servetiana, bien fundada en la historiografía entonces vigente, en cuyas primeras páginas se aportan numerosos documentos inéditos relativos a diversos miembros de la familia de los “Serveto alias Revés”. Por lo que hace al tratado Syruporum universa ratio, el profesor Castro y Calvo hace una descripción de su contenido, página por página que resulta un tanto confusa y en la que se manifiesta cierto empeño por relacionar muchas de las referencias farmacéuticas de esta obra con el Dispensatorium de Valerio Cordio, de 1579. Esta descripción del contenido del libro hubo de tener algún valor antes de que fuera publicada su traducción castellana; la cual, sin duda, da mejor idea de lo que tal obra lleva en su seno (7)

(7) Razón universal de los jarabes según la inteligencia de Galeno, por Miguel Villanovano (Miguel Serveto), con un prólogo del Dr. Nicasio Mariscal. Madrid, 1943. El texto de la traducción ocupa las páginas 305-472.

En el capítulo segundo dice el autor que es locura tratar de digerir los humores pútridos y biliosos. Se extiende, rebatiendo supuestas indicaciones de Galeno en tal sentido, y alegando pasajes del Maestro que apoyan su aserto: lo que fue segregado ya no puede asimilarse en modo alguno. “Este texto es tan claro –dice–, que asombra el que tantos médicos se alucinen en su luz.” Y, si hay que evacuar sin tardanza, se pregunta: quis tam stupidus medicus admovebit concotrix remedia? “¿Cocer antes de purgar? Jamás se leyó tal cosa en Galeno, ni en Rufo, ni en Aecio. Hay que llamar enemigo de la naturaleza al que se empeña en asimilar lo que ella quiere expulsar. Es cosa ajena a la mente de Galeno, e incluso ridícula. Es como tratar de cocer el aire de la caja del tímpano.”(8)

(8) …rem sane a Galeni scopi alienissima, imo ridiculam, si quis flatum in tympanite conquat. (Syruporum…, fol. 16r).

El sermo quartus del tratado de los jarabes se centra en la exposición del aforismo que hace el número 22 en la sección primera del célebre libro hipocrático. La traducción castellana puede ser ésta “Púrguense y muévanse los humores cocidos, no los crudos, ni tampoco en el comienzo, si no hay turgencia. La mayoría de las veces no la hay”(9)

(9) Versión de C. GARCÍA GUAL, en Tratados hipocráticos, I (Editorial Gredos, Madrid, 1983), p. 250.

Como ya dije, en el texto del De syruporum universa ratio es total el rechazo a cuantos escribieron en lengua arábiga, a los que aplica el denigrante apelativo de barbari; cosa común entre los latinos renacentistas, con manifiesta injusticia para aquellos que salvaron en su propia lengua los tesoros de la ciencia helénica –sobre todo en el Bagdad del siglo IX– de la que pasaría al latín –mayoritariamente en el Toledo del siglo XII– para fecundar la enseñanza de las nacientes universidades europeas. Claro está que, con esos trasvases, se habían contaminado las aguas del saber griego que ahora los humanistas trataban de captar en sus manantiales. Tal corrupción textual la recoge Servet en expresiones como esta: Haec enim methodus est Galenii; sed barbari inepti homines… Y habla de ideas “que sólo existen en la imaginación de los árabes, pero nunca en la cosa misma”. Con cierta ironía, les plantea cuestiones a los que no cabe responder con sus planteamientos: Quid hic Arabes respondebunt? Y hasta los interpela vivamente como si se hallaran presentes, denostándoles así: “¡Salgan ahora a la arena las huestes del príncipe Avicena y emprenda la huida Rhazes!” Llegando en su apasionamiento la absurda afirmación de que el autor de esa gran síntesis del galenismo que fue el Canon “nunca fue versado en la lectura de Galeno”. Y, aunque se ve obligado a reconocer la aportación de los árabes en la invención y en el uso de los jarabes, se esfuerza Servet en probar que ya los griegos habían utilizado formas medicamentosas semejantes y con un criterio más correcto, que él trata de reinstaurar. (10)

En el estudio con el que Pedro Laín Entralgo acompaña la traducción española del De motu cordis de Harvey, se inserta una afirmación acerca de la obra médica de Miguel Servet que parece historiográficamente escandalosa. Dice así: “La actitud crítica de Serveto frente a la fisiología antigua es singularmente perceptible en su escrito sobre los jarabes; mucho más, por supuesto, que en los párrafos de la Christianismi restitutio consagradas a la descripción original de la circulación menor”. (11)

(11) Clásicos de la Medicina. Harvey. Traducción de María Araujo. Estudio preliminar y notas
de P. LAÍN ENTRALGO. Ediciones El Centauro, Madrid, 1948, p. 32.

Como es sabido, la referencia servetiana al movimiento sanguíneo a través de los pulmones no se halla en una obra médica, sino en un tratado teológico, al que su autor daría el ambicioso título de Christianismi restitutio. (12)

12 Publicada clandestinamente en Vienne del Delfinado, con la sola indicación de las iniciales de su autor. M:S:V: (Miguel Servet Villanovano) y la fecha de 1553. Su texto original es bastante accesible a través de la reedición hecha en Nüremberg, en 1790, de la que existe una tirada en facsímil. Los lectores españoles podemos utilizar una buena versión de la mayor parte del original latino, bien presentada y anotada por Angel Alcala: Miguel Servet. Restitución del Christianismo. Traducción de A. ALCALA y L. BETES. Fundación Universitaria Española, Madrid, 1980.

TEXTO LATINO SOBRE LA CIRCULACIÓN MENOR DE LA SANGRE QUE APARECE EN EL LIBRO V DE “CHRISTIANISMI RESTITUTIO”* Página 170.

* Tomado de: José Barón Fernández. “Miguel Servet (Miguel Serveto) su vida y su obra”. Madrid: Espasa Calpe, 1970.

Desde Galeno se sabía que la sangre, generada en el hígado a partir del quilo digestivo que le había llegado por la vena porta, pasaba al corazón derecho. Allí, una parte abocaba a los pulmones por la llamada “vena arteriosa” –nuestra arteria pulmonar: que sería vena por llevar sangre y arteriosa por su estructura– y otra parte pasaba al corazón izquierdo, a través de presuntos orificios que perforaban el tabique interventricular. En el ventrículo izquierdo, se vería “aireada o espiritualizada” por un fluido –aer, spiritus, pneuma– que le llegaría desde el exterior por la traquearteria y por la “arteria venosa”, equivalentes a nuestra tráquea y a nuestras venas pulmonares; las cuales serían arterias por llevar aire y venas por la flacidez de su pared. Y es esto lo que va a aprovechar el teólogo tomándolo de su saber médico; ofreciendo al lector “esta divina filosofía que –le dice– podrás entender más fácilmente si estás ejercitado en la anatomía”.(13)

(13) …quam facile intelleges si anatomem fueris exercitatum (Op. cit, p. 169). 14 14. Op. cit, p. 170.

Pienso que se trata de una noticia estrictamente original. Que no hubo de llegar a Servet lo que en el mismo sentido había escrito en árabe en el siglo XIII, en Egipto, el sirio Ibn an- Nafis, entre las páginas de un extenso comentario a la anatomía del primer libro del Canon de Avicena. Alguna posibilidad cabe de que tal noticia llegase a Padua a través de Andrea Alpago. También pudo haber saltado de Padua a París, a pesar del distinto enfoque de los estudios anatómicos de cada una de estas Escuelas. Pero no es nada probable. Tampoco creo que deba pensarse en una mutua influencia –en uno y otro sentido– del anatomista de Pisa y luego de Roma, Realdo Colombo y de su discípulo español Juan Valverde de Amusco.(15)

(15) Juan VALVERDE, Historia de la composición del cuerpo humano. Roma, 1556. Realdo COLOMBO, De re anatomica, Roma, 1559.

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Nacimiento y años de formación

Actualmente existe un consenso casi general en situar el lugar de nacimiento de Servet en Villanueva de Sigena , aunque hay investigadores que mantienen la opinión, de que nació en Tudela de Navarra, basándose en los documentos en que Servet se atribuía dicho origen mientras mantenía en Francia la falsa identidad de Michel de Villeneuve.(Huesca). En Villanueva de Sigena se conserva la casa familiar, hoy convertida en centro de interpretación.

Joven con dotes sobresalientes para las letras y gran conocedor del latín, griego y hebreo, abandonó su población de origen para ampliar estudios, probablemente en Lerida. Es aceptado como pupilo por fray Juan de Quintana, quien llegaría a ser confesor de Carlos I. Tras una estancia en Toulouse (Francia) para realizar estudios de Derecho, donde entra por primera vez en contacto con círculos próximos a la Reforma, viaja con Quintana por Italia y Alemania, como parte del séquito imperial, y presencia la coronación de Carlos V como emperador en Bolonia (1530).

 Primeras obras teológicas

Posteriormente abandona a su mentor e inicia un periplo por varias ciudades de Centroeuropa afines al naciente protestantismo. Establece una relación cada vez más difícil y polémica con algunos líderes reformadores, como Ecolampadio de Basilea, y se dirige más tarde a Estrasburgo, donde se relaciona con Bucer, y a Hagenau (ciudad alsaciana entonces perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico). En 1531 publica De Trinitatis erroribus —De los Errores acerca de la Trinidad—, obra en la que niega la validez bíblica del dogma trinitario establecido en el Concilio de Nicea I y propone que el Hijo es el fruto de la unión del Logos divino con la persona de Jesús, nacido milagrosamente de la Virgen María. Por tanto, el Hijo no es eterno ni es una Persona de la Trinidad, cuya existencia niega vehementemente definiéndola como “tres fantasmas” o “Perro Cerbero de tres cabezas”, y califica a los que creen en tal doctrina como “triteístas”. Por otro lado, el Espíritu Santo no sería otra entidad, la supuesta tercera Persona de esa Trinidad, sino simplemente la manifestación del Espíritu de Dios tal como actúa a través de los hombres. Este libro produjo gran escándalo por parte de los reformadores alemanes y fue prohibido en Estrasburgo y Basilea, además tampoco caló bien en su patria y tuvo que huir. El año siguiente publicó el Dialogorum de Trinitate, una formulación revisada de sus tesis iniciales. En cualquier caso, sus propuestas le enfrentaron tanto a católico-romanos como a protestantes.

 Tiempo de ocultación

Miguel Servet se dirige a Lyon. Había estado brevemente en París, donde un encuentro previsto pero finalmente no efectuado con Calvino, se transforma en el inicio de una relación epistolar entre ambos. Servet llega a Lyon con una nueva identidad, Michel de Villeneuve, supuestamente originario de Tudela de Navarra, para evitar las persecuciones de la Inquisición. Estuvo empleado en una imprenta, primero como corrector de pruebas. En 1535 le encargaron la publicación y anotación de la Geografía de Claudio Ptolomeo, lo que llevó a cabo dando pruebas de su gran erudición. Su época en Lyon fue su etapa más feliz de su vida. Conoció al médico Symphorien Champier, quien le inpira para estudiar medicina y fue a París para estudiar tal materia.

En 1537 se matricula en la Universidad de París para estudiar medicina. Allí estudia junto a los grandes médicos de la época, enseñando Matemáticas y Medicina en la Universidad. Sin embargo, pronto se encuentra en dificultades, puesto que dicta un curso de Astrología, en el que defendía la influencia de las estrellas en los eventos futuros (astrología judiciaria), lo cual, junto con un opúsculo en el que describe el uso de jarabes para administrar los remedios de la época, le enfrenta con la comunidad universitaria.

Deja de nuevo París y reside en diversas localidades de Francia, hasta que en Lyon se encuentra con el arzobispo de Vienne (Viena del Delfinado), Pedro Paulmier, al que había conocido previamente en París. De esta forma entra a su servicio como médico personal (1541).

 La Restitución del Cristianismo

En Vienne, Servet se dedica a proseguir sus estudios y publicaciones y prepara en secreto la que será su obra cumbre. Prosigue su correspondencia con Calvino, a quien envía una primera versión de su libro, Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo), de carácter fundamentalmente teológico, en espera de sus comentarios (1546). El concepto de cristianismo ahí expuesto es cercano al panteísmo. Cristo está en todas las cosas. El mundo está lleno con él. Se mostraba también contrario al bautismo de los niños, ya que el bautismo debe ser un acto maduro y consciente de discipulado cristiano, lo que le acerca a las posiciones anabaptistas. Sobre la edad adecuada para recibir el bautismo, sugirió seguir el ejemplo de Jesús: Jesucristo fue él mismo bautizado cerca de los treinta años. Curiosamente el libro pasaría a la posteridad por contener en su Libro V la primera exposición en el Occidente cristiano de la función de la circulación pulmonar o menor: según Servet, la sangre es transmitida por la arteria pulmonar a la vena pulmonar por un paso prolongado a través de los pulmones, en cuyo curso se torna de color rojo y se libera de los vapores fuliginosos por el acto de la espiración. Servet sostenía que el alma era una emanación de la Divinidad y que tenía como sede a la sangre. Gracias a la sangre, el alma podía estar diseminada por todo el cuerpo, pudiendo asumir así el hombre su condición divina. Por tanto, los descubrimientos relativos a la circulación de la sangre tenían un impulso más religioso que científico. De ahí que la descripción de la circulación pulmonar esté dentro de una obra de teología y no de una de fisiología. Para Servet no había diferencia entre ambos ámbitos, ya que todo obedecía a un mismo gran designio divino.

En respuesta, Calvino le conmina a leer su propio libro Institutio religionis Christianae (Institución de la Religión Cristiana), publicado en 1536. Servet leyó el libro de Calvino e hizo anotaciones muy críticas en los márgenes del libro, devolviéndole la copia corregida, lo que desagradó enormemente al reformador, quien avisó que si Servet ponía los pies en Ginebra “no saldría vivo de ella”.

Finalmente, Christianismi Restitutio es publicado anónimamente a principios de 1553, nuevamente con gran escándalo. Un calvinista de Ginebra escribe a un amigo católico revelándole que el autor del libro es el hereje Miguel Servet, oculto bajo la falsa identidad de “Villeneuve”. Se sospecha que detrás de esta denuncia podría estar el propio Calvino, quien había tenido acceso al texto gracias al propio Servet. La Inquisición de Lyon recibe parte de la correspondencia intercambiada entre ellos, tras lo cual Servet es detenido, interrogado y encarcelado en Vienne. El 7 de abril, sin embargo, logra evadirse y el 17 de junio es sentenciado a muerte in absentia, siendo quemado en efigie.

Juicio y muerte

Posiblemente mientras iba rumbo a Italia, por alguna razón Servet acaba haciendo una estancia en Ginebra, donde fue reconocido en la iglesia donde predicaba el propio Calvino (13 de agosto). Tras ser detenido y juzgado por hereje (por su negación de la Trinidad y por su defensa del bautismo a la edad adulta), fue condenado a morir en la hoguera (26 de octubre de 1553).

Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes.
Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e Impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.

El día siguiente, 27 de octubre de 1553, Miguel Servet muere en la hoguera.

Independientemente de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos o de su labor como polemista religioso, la figura de Miguel Servet se distingue como mártir de la libertad de pensamiento y de expresión de las ideas, cualesquiera que éstas fuesen, en abierto desafío a cualquiera que quisiese coartarla. Las Iglesias Unitarias consideran a Servet su pionero y primer mártir.

 Historiadores servetistas

  • Francisco Javier Gonzalez Echeverría Medico Tudelano que re-editó el primer resumen español de Retratos o Tablas de las historias del Testamento Viejo, de Servet, con ilustraciones del pintor Hans Holbein , el Joven.
  • Juan Antonio Paniagua Ha publicado estudios sobre Servet, incluido en Ginebra
  • Manuel De Fuentes Describe en su obra toda la trayectoria de su vida
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Miguel Servet

Miguel Servet

Miguel Servet

Miguel Servet. Su nombre auténtico era Miguel Serveto y Conesa, alias “Revés”. Llamado también Miguel de Villanueva, Michel de Villeneuve o, en latín, Michael Servetus (Villanueva de Sigena (Huesca), 29 de septiembre de 1511 - Ginebra, 27 de octubre de 1553), aunque la fecha exacta del nacimiento es incierta. Teólogo y científico español.

Sus intereses abarcaron muchas ciencias: la astronomía y la meteorología, la geografía, la jurisprudencia, la teología y el estudio de la Biblia, las matemáticas, la anatomía y la medicina.

Nacimiento y años de formación

Escudo de los Servet en Tudela, como homenaje a esta familia y a Miguel en particular

Escudo de los Servet en Tudela, como homenaje a esta familia y a Miguel en particular

Actualmente existe un consenso casi general en situar el lugar de nacimiento de Servet en Villanueva de Sigena, aunque hay investigadores que mantienen la opinión, de que nació en Tudela de Navarra, basándose en los documentos en que Servet se atribuía dicho origen mientras mantenía en Francia la falsa identidad de Michel de Villeneuve, que haría alusión a su localidad natal, Villanueva de Sigena, donde se conserva la casa familiar, hoy convertida en centro de interpretación.

Fue hijo de Antón Serveto, noble infanzón[1] y notario del Monasterio de Sigena, y de Catalina Conesa, que por línea materna descendía de la familia judeoconversa de los Zaporta. Tenía dos hermanos menores: Pedro, quien continuó con la notaría paterna, y Juan, que fue ordenado sacerdote.

Joven con dotes sobresalientes para las letras y gran conocedor del latín, griego y hebreo, Miguel abandonó su población de origen para ampliar estudios, probablemente en Lérida. Es aceptado como pupilo por fray Juan de Quintana, quien llegaría a ser confesor de Carlos I. Tras una estancia en Toulouse (Francia) para realizar estudios de Derecho, donde entra por primera vez en contacto con círculos próximos a la Reforma, viaja con Quintana por Italia y Alemania, como parte del séquito imperial, y presencia la coronación de Carlos V como emperador en Bolonia (1530).

Primeras obras teológicas

Posteriormente abandona a su mentor e inicia un periplo por varias ciudades de Centroeuropa afines al naciente protestantismo. Establece una relación cada vez más difícil y polémica con algunos líderes reformadores, como Ecolampadio de Basilea, y se dirige más tarde a Estrasburgo, donde se relaciona con Bucer, y a Hagenau (ciudad alsaciana entonces perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico).

En 1531 publica De Trinitatis Erroribus (De los errores acerca de la Trinidad), que produjo gran escándalo entre los reformadores alemanes y fue prohibido en Estrasburgo, Basilea y Barcelona. Tampoco caló bien en su patria, ya que Servet tuvo la osadía de enviar una copia al obispo de Zaragoza, quien no tardó en solicitar la intervención de la Inquisición. El año siguiente publicó Dialogorum de Trinitate (Diálogos sobre la Trinidad), acompañado de una obra suplementaria, De Iustitia Regni Christi (Sobre la Justicia del Reino de Dios). Otros opúsculo de esta misma época, aunque de datación imprecisa[2] , es Declarationis Iesus Christi Filii Dei (Declaración de Jesucristo Hijo de Dios), también conocido como “Manuscrito de Stuttgart”.

De los errores acerca de la Trinidad: estructura y contenido

En esta obra, dividida en siete “Libros” o capítulos, Servet argumenta que el dogma de la Trinidad carece de base bíblica, ya que no se halla en las Escrituras sino que es fruto posterior de elucubraciones de “filósofos”. Basándose en abundantes citas de la Biblia, Servet concluye que Jesús es hombre, hijo de Dios, y en definitiva Dios mismo. Es hombre en tanto que nacido de mujer, por más que su nacimiento fuese milagroso. A su vez, Jesús es hijo de Dios en tanto que su nacimiento es el fruto de la fecundación por el Logos divino de la Virgen María.

Niega así Servet, por tanto, que el Hijo sea eterno, ya que fue engendrado como tal en la encarnación, aunque es divino por gracia de Dios, su Padre. Tampoco es, pues, una Persona de la Trinidad, cuya existencia niega vehementemente definiéndola como “tres fantasmas” o “Perro Cerbero de tres cabezas”. Asimismo califica a los que creen en tal doctrina como “ateos, es decir sin Dios” y “triteístas”. A su vez, el Espíritu Santo no sería una tercera Persona trinitaria, sino la fuerza o manifestación del espíritu de Dios tal como actúa en el mundo a través de los hombres.

Diálogos sobre la Trinidad y De la Justicia: estructura y contenido

Obra de tamaño y ambición inferiores a Errores…, Diálogos está estructurada en dos “Libros” como una conversación ficticia entre dos personajes: “Miguel” (el propio autor) y un tal Petrucho. Según Servet, la escribe para despejar las dudas e inquietudes sembradas por su obra anterior, que a su juicio se deben “a mi propia impericia y a la negligencia del tipógrafo”. A diferencia de lo afirmado en Errores…, Servet dice que Jesús no es sólo divino por gracia, sino también por naturaleza, aunque aclara que sólo en tanto que participa de la sustancia divina de su Padre.

A su vez, en el opúsculo De la Justicia del Reino de Dios incluido al final, explica entre otras cosas la complementariedad entre fe y caridad, pues, aunque la justificación del creyente es sólo por la fe, la caridad y las buenas obras son encomiables y complacen a Dios, aspecto en el que se diferencia claramente de Lutero y otros reformadores protestantes. Finalmente, al final se encuentra uno de los textos por los que Servet es considerado como adalid de la tolerancia y la libertad de conciencia, ya que afirma que “ni con estos ni con aquellos estoy de acuerdo en todos los puntos, ni tampoco en desacuerdo. Me parece que todos tienen parte de verdad y parte de error y que cada uno ve el error del otro, mas nadie el suyo… Fácil sería decidir todas las cuestiones si a todos les estuviera permitido hablar pacíficamente en la iglesia contendiendo en deseo de profetizar[3] .

Tiempo de ocultación

Miguel Servet se dirige a Lyon. Había estado brevemente en París, donde un encuentro previsto pero finalmente no efectuado con Calvino, se transforma en el inicio de una relación epistolar entre ambos. Servet llega a Lyon con una nueva identidad, Michel de Villeneuve, supuestamente originario de Tudela de Navarra, para evitar las persecuciones de la Inquisición española. Estuvo empleado en una imprenta, primero como corrector de pruebas. En 1535 le encargaron la publicación y anotación de la Geografía de Claudio Ptolomeo, lo que llevó a cabo dando pruebas de su gran erudición.En Lyon fue la etapa más feliz y bonita de su vida. Conoció al médico Symphorien Champier, quien le anima a estudiar medicina y fue a París.

En 1537 se matricula en la Universidad de París para estudiar medicina. Allí estudia junto a los grandes médicos de la época, enseñando Matemáticas y Medicina en la Universidad. Sin embargo, pronto se encuentra en dificultades, puesto que dicta un curso de Astrología, en el que defendía la influencia de las estrellas en los eventos futuros (astrología judiciaria), lo cual, junto con un opúsculo en el que describe el uso de jarabes para administrar los remedios de la época, le enfrenta con la comunidad universitaria.

Deja de nuevo París y reside en diversas localidades de Francia, hasta que en Lyon se encuentra con el arzobispo de Vienne (Viena del Delfinado), Pedro Paulmier, al que había conocido previamente en París. De esta forma entra a su servicio como médico personal (1541).

La Restitución del Cristianismo

En Vienne, Servet se dedica a proseguir sus estudios y publicaciones y prepara en secreto la que será su obra cumbre. Prosigue su correspondencia con Calvino, a quien envía una primera versión de su libro, Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo), de carácter fundamentalmente teológico, en espera de sus comentarios (1546). El concepto de cristianismo ahí expuesto es cercano al panteísmo. Cristo está en todas las cosas. El mundo está lleno con él. Se mostraba también contrario al bautismo de los niños, ya que el bautismo debe ser un acto maduro y consciente de discipulado cristiano, lo que le acerca a las posiciones anabaptistas. Sobre la edad adecuada para recibir el bautismo, sugirió seguir el ejemplo de Jesús: Jesucristo fue él mismo bautizado cerca de los treinta años.

Curiosamente el libro pasaría a la posteridad por contener en su «Libro V» la primera exposición en el Occidente cristiano de la función de la circulación pulmonar o menor: según Servet, la sangre es transmitida por la arteria pulmonar a la vena pulmonar por un paso prolongado a través de los pulmones, en cuyo curso se torna de color rojo y se libera de los vapores fuliginosos por el acto de la espiración. Servet sostenía que el alma era una emanación de la Divinidad y que tenía como sede a la sangre. Gracias a la sangre, el alma podía estar diseminada por todo el cuerpo, pudiendo asumir así el hombre su condición divina. Por tanto, los descubrimientos relativos a la circulación de la sangre tenían un impulso más religioso que científico. De ahí que la descripción de la circulación pulmonar esté dentro de una obra de teología y no de una de fisiología. Para Servet no había diferencia entre ambos ámbitos, ya que todo obedecía a un mismo gran designio divino.

En respuesta, Calvino le conmina a leer su propio libro Institutio religionis Christianae (Institución de la Religión Cristiana), publicado en 1536. Servet leyó el libro de Calvino e hizo anotaciones muy críticas en los márgenes del libro, devolviéndole la copia corregida, lo que desagradó enormemente al reformador, quien avisó que si Servet ponía los pies en Ginebra “no saldría vivo de ella”.

Finalmente, Christianismi Restitutio es publicado anónimamente a principios de 1553, nuevamente con gran escándalo. Un calvinista de Ginebra escribe a un amigo católico revelándole que el autor del libro es el hereje Miguel Servet, oculto bajo la falsa identidad de “Villeneuve”. Se sospecha que detrás de esta denuncia podría estar el propio Calvino, quien había tenido acceso al texto gracias al propio Servet. La Inquisición de Lyon recibe parte de la correspondencia intercambiada entre ellos, tras lo cual Servet es detenido, interrogado y encarcelado en Vienne. El 7 de abril, sin embargo, logra evadirse y el 17 de junio es sentenciado a muerte in absentia, siendo quemado en efigie.

Relación entre Miguel Servet y Juan Calvino

Entre los muchos enemigos que tuvo Servet destacó Juan Calvino, quien fundó en Ginebra un estado autoritario de orientación protestante. Con referencia a este eclesiástico, el historiador Will Durant comenta: “La suya no fue una dictadura de derecho o fuerza, sino de voluntad y carácter”. Agrega que fue “tan severo como cualquier papa en rechazar el individualismo en las creencias”.

Es probable que Calvino y Servet se conocieran en París cuando ambos eran jóvenes. Lo cierto es que no tardaron en chocar. Calvino se volvió su enemigo más implacable. Tanto es así que, pese a ser este eclesiástico uno de los cabezas de la Reforma, terminó denunciando a Servet ante la Inquisición católica. A duras penas, el perseguido logró escapar de Francia, donde lo quemaron en efigie. Sin embargo, fue reconocido y detenido en la ciudad fronteriza de Ginebra, donde la palabra de Calvino era ley.

Calvino lo maltrató con crueldad en la cárcel. Durante el juicio, sostuvo con él un debate. Servet aceptó modificar sus opiniones si Calvino lo convencía con argumentos bíblicos, algo que este no logró hacer. Concluido el proceso, el acusado fue condenado a morir en la hoguera. De acuerdo con diversos historiadores, fue el único disidente religioso al que los católicos quemaron en efigie y los protestantes en persona.

Juicio y muerte

Posiblemente mientras iba rumbo a Italia, por alguna razón Servet acaba haciendo una estancia en Ginebra, donde fue reconocido en la iglesia donde predicaba el propio Calvino (13 de agosto). Tras ser detenido y juzgado por hereje (por su negación de la Trinidad y por su defensa del bautismo a la edad adulta), fue condenado a morir en la hoguera (26 de octubre de 1553).

La sentencia dictada en su contra por el Consejo (Petit Counseil) de Ginebra dice:

Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes.
Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e Impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.

El día siguiente, 27 de octubre de 1553, Miguel Servet muere en la hoguera.

Independientemente de la importancia de sus descubrimientos fisiológicos o de su labor como polemista religioso, la figura de Miguel Servet se distingue como mártir de la libertad de pensamiento y de expresión de las ideas, cualesquiera que éstas fuesen, en abierto desafío a cualquiera que quisiese coartarla. Las Iglesias Unitarias consideran a Servet su pionero y primer mártir.

Aunque Calvino había eliminado a su rival directo, había perdido autoridad moral. La injustificable ejecución de Servet escandalizó a muchos pensadores de toda Europa y brindó un poderoso argumento a los defensores de los derechos civiles, quienes se oponían a que se matara a las personas por razones de fe. A partir de ese momento lucharon con más determinación a favor de la libertad de culto.

Se ha hecho la siguiente evaluación sobre el impacto perdurable que tuvo la ejecución del erudito español: “Fue el punto de inflexión en la ideología y mentalidad dominantes desde el siglo IV. [...] Históricamente hablando, Servet murió para que la libertad de conciencia se convirtiera en un derecho civil en la sociedad moderna” (Michael Servetus—Intellectual Giant, Humanist, and Martyr [Miguel Servet: extraordinario intelectual, humanista y mártir]).

Picudo rojoMiguel Servet

Posted by isisdiosa99 at 09:25:53 | Permalink | No Comments »